JUAN P. RAMOS

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15 de diciembre – Muere J. P. Ramos

Ricardo Miguel Fessia

I – Cuando el 15 de diciembre de 1958 falleció repentinamente Ramos, el derecho penal argentino perdía uno de los cultivadores del ramo, dedicado profesor y agudo observador de la realidad con el prisma de lo jurídico. Otro de los que, no cargado en años, quitaba su presencia e inventaba un vacío en un tiempo de amplias discusiones ideológicas que luego fueron visto como la década más brillante de la Universidad argentina.

II – Nacido en Buenos Aires el 21 de agosto de 1878 ingresó a la Universidad de Buenos Aires en tiempos de grandes movilizaciones estudiantiles que concluyeron con la reforma de los Estatutos en 1906. Estudiante destacado y reconocido por sus pares, a poco de lograr el título se incorpora a la planta docente para llegar a ser suplente en 1916 y titular en 1922 de Derecho penal en la Facultad de derecho y titular de Ciencias de la educación en la Facultad de filosofía y letras.

En paralelo tuvo una destacada carrera judicial que culmina como juez de la Cámara en lo criminal y correccional de Buenos Aires.

III – Hacia finales del siglo XIX irrumpe en el firmamento político de Europa un hombre que proviene del socialismo italiano, Enrico Ferri (1856 – 1929) que desde la sociología hace aportes absolutamente innovadores que marcarán definitivamente un antes y después en varios campos, pero particularmente en el Derecho penal.

Esencialmente plantea que los grandes debates de la escuela clásica del marqués de Beccaría y de F. Carrara se han agotado en estériles cuestiones metafísicas. Se viven tiempos nuevos, sostenía, y deben ser atendidos por ideas nuevas. Esos tiempos están signados por la realidad cotidiana que indica claramente el incremento de la delincuencia. Este panorama requiere de un cambio que pasa por el estudio del delincuente, tanto desde la perspectiva antropológica como psicológica. Lo mismo ocurre con las penas, en donde se observa la influencia de la escuela de John Howard (1726 – 1790) que impuso criterios humanitarios, pero sin abordar los temas de la prevención, precisamente para evitar llegar a la aplicación de prisión. Con este panorama, la Escuela positiva, lo que hace es avanzar y aplicar el método experimental a la ciencia criminal sobre la base de lo construido por las escuelas anteriores. En lugar de estudiar al delito hay que estudiar al delincuente; al estudio teórico o indeterminado del delito se le debe agregar el análisis como fenómeno social. El accionar del delincuente debe ser visto en forma conjunta desde la perspectiva del ambiente social, la herencia, la psicopatología.

Ferri, exponente del positivismo penal en su vertiente sociológica, estuvo en dos oportunidades en Argentina; en 1908 y 1910. Tenía ya un ganado prestigio, sea por la dirección de “Avanti”, el diario socialista, o por sus obras; “Sociología criminal” de 1884, “La Escuela de criminología positiva” de 1901. Sobre esta base y el caluroso recibimiento de sus correligionarios del “socialismo”, fuerza política con una amplia base en la población, dejó una huella notable en el ambiente del derecho penal patrio.

Argentina era un campo propicio para la difusión de estas ideas. José María Ramos Mejía publica en 1878 “Las neurosis en los hombres célebres en la historia argentina” notable obra comenzada a escribir cuando aún era estudiante y en donde analiza las actitudes de Juan Manuel de Rosas, las alucinaciones del Fraile Aldao, el histerismo de Monteagudo. El propio Lombroso, que apenas dos años antes había escrito “L´uomo delincuente”, dijo del autor argentino que era “uno de los más poderosos pensadores y de los más grandes alienistas del mundo”.

En el ambiente académico de la Universidad de Buenos Aires dominaban los principios de la escuela positiva. En el discurso de asunción de la cátedra de Derecho penal dejada por Manuel Obarrio, el 16 de mayo de 1887, Norberto Piñero hizo una profesión de fe claramente positivista.

Es espíritu del positivismo avanzó arrolladoramente. El 18 de febrero de 1889 un grupo de hombres, entre los que estaban José María y Francisco Ramos Mejía, Luis María Drago, José Nicolás Matienzo, Norberto y Antonio Piñero, Rodolfo Rivarola, fundó la “Sociedad de Antropología Jurídica”, considerada la primera en el mundo, junto a la de Rusia, dedicada al estudio del delincuente.

IV – Juan P. Ramos se encontraba en este grupo tratando de llevar los principios al derecho positivo. Desde la cátedra se manifestó como un ferviente discípulo del lombardo Ferri, pare esos días convertido en una suerte de ícono. Dirigió el “Centro de Estudios Penales”, creado en la Facultad de derecho en 1921, que tuvo el mérito de publicar por primera vez fuera de Italia el proyecto de Código Penal de Ferri de ese año.

En 1929 se llevaron adelante en Roma actos conmemorativos del jubileo universitario de Ferri y viajo hasta la ciudad eterna y pronunció algunas conferencias en la Universidad de Roma. Al momento de agradecer las visitas, Ferri lo hizo en la persona de Ramos recordando la invitación que dos décadas antes le habían hecho las Universidades de La Plata y Buenos Aires, y por la calurosa recepción que le dispensó la gente de argentina tanto “dentro y fuera de ambas Universidades”. En el mismo acto Ramos rindió homenaje tanto al maestro como a su escuela. Resumió que “toma la idea antropológica del maestro Lombroso, la reviste de los atributos sociales de la vida humana, la formula en principios que tienen la belleza armoniosa de la obra de arte y la lanza, hecha suya, a la lucha contra todas las cátedras, contra todos los libros, contra todos los tribunales, contra todos los prejuicios”. De sus “semillas espirituales” nacerán en el mundo nuevas instituciones. “El Derecho penal deja de ser ciencia de las penas y se transforma, en las obras mismas de sus enemigos, en la ciencia de la defensa social. En todas las naciones aparecen señales de una profunda renovación de valores. El hombre, no el delito, es la medida de la reacción penal. No hay ya un régimen de la pena sino un sistema coherente y complejo de la defensa necesaria contra el ser que delinque o que está por delinquir”.

Para la obra homenaje fue la Argentina la que mas estudios aportó: el de Rivarola, el del nacionalizado argentino Ladislao Thot, el de Luis Reyna Almandos y en de Ramos.

V – En 1929 Ramos escribió un artículo de fuerte contenido crítico; “La escuela de Enrique Ferri en la República Argentina”. En el mismo refería a la influencia tanto de Ferri como de la escuela sobre los ámbitos académicos, sea en las cátedras, en los congresos o publicaciones. Lo mismo ocurre con los médicos y referentes de la literatura y hasta de la política. Pero todas las veces que se ha tratado de redactar un Código penal, se lo ha hecho, en sus líneas generales, contrario a esta corriente; casi un absurdo que solamente se explica por las fuerzas reaccionarias instaladas en los altos centros de poder.

V – Es curioso su “Ex libris” dice “hacia la luz por el camino que lleva a la muerte” con una larga escalinata bordeada de pinos y al final la dama de negro con una inmensa guadaña. Todo un mensaje del devenir de lo pasajero de nuestra existencia.

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